La desgracia de ser griego (Nikos dimou)

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Definimos la felicidad como el estado (por lo general pasajero) en el que la realidad coincide con nuestros deseos.

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Por analogía, desgracía debe ser la no coincidencia entre deseo y realidad.

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En otras palabras, podemos denominar desgracia a la distancia entre deseo y realidad

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Cuanto mayor es la distancia tanto más desgraciados somos.

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Nuestra felicidad (o nuestra desgracia) depende, por una parte, de la magnitud, la intensidad y la cantidad de nuestros deseos, y, por otra, de la naturaleza de la realidad.

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Mi desgracia puede deberse a que tengo deseos desmesurados y excesivos, que (con toda justicia) permanecen incumplidos. O puede que mis deseos sean “razonables” (en el término medio humano), pero que la realiadd se ensañe conmigo (como con Job). Hablamos entonces de adversidad.

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Tenemos una concepción estadística de la felicidad. Creemos que una persona con deseos “razonables” deberá tener éxitos y fracasos en igual medida. (Demostración: las expresiones “cambiará la suerte”, “la rueda de la fortuna”, etcétera.)

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La vida, sin embargo, no confirma esta creencia. Por lo general, satisfacen más deseos quienes tienen muchos e intensos que quienes tienen pocos y modestos. Sólo que la naturaleza insaciable de los primeros raramente les deja sentir el estado de equilibrio que llamamos felicidad.

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En los animales, la brecha entre deseo y realidad es minúscula. El animal ve colmadas sus aspiraciones fundamentalmente con lo que le brinda el entorno. Está absolutamente adaptado a su medio.

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Es difícil hablar de animales felices y desgraciados, pues la tensión entre esos dos polos (humanos) no debe de darse entre ellos. Aunque algo malo me dice que las aves del cielo deben ser felices…

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Contrariamente a los animales, el ser humano no tiene deseos que, “por naturaleza y por posición” son irrealizables. Anhela la inmortalidad. Lo único, sin embargo, que sabe con certezasobre su futuro es que un día morirá.

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Podríamos definir al ser humano como el animal que desea siempre más de lo que puede alcanzar. El animal inadaptado. Dicho de otro modo, podríamos definir al ser humano como el ser que lleva dentro de sí la desgracía, que le es connatural.

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