Αγορά (Ágora) y ahora

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Paseando por el Ágora de Atenas, contemplo ensimismada la Acrópolis. Se asoma una colina, y en la cima de la roca, allí se muestra más cerca del cielo y de los dioses que de la tierra. La voz que acompaña me susurra al oído historias; algunas de hace más de 2500 años, otras de hoy en día; algunos episodios que conozco y otros que me descubre. Mis ojos quieren olerlo todo, llegar a imaginar el pasado y a entender el ahora. Ahora desde el Ágora. Continúa por favor, continúa hablándome al oído.

Los hombre que participaban en la vida política y pública de la Grecia Clásica, observarían seguramente desde allí la Acrópolis; también Sócrates, Platón, las 10 tribus de Atenas, y … las mujeres. Fue en aquella época, en el siglo V. a. C., cuando se fundó la Liga de Delos. Esta confederación -militar- unía las polis del mar Egeo y Asia Menor con la ciudad de Atenas, con el objetivo de hacerse más fuertes ante las posibles amenazas de los Persas y a su vez, apropiándose de la hegemonía que Esparta había perdido.

La Liga tenía su sede en la isla que le dio nombre, Delos, pero era Atenas quien gobernaba. Durante el medio siglo que se sostuvo la alianza, las demás polis pasaron de ser aliadas a ser polis sometidas. Era la polis protegida por Atenea quien dirigía la armada del imperio, el régimen político e incluso la moneda. Las imposiciones eran cada vez mayores: el Tesoro se trasladó de Delos a Atenas y las cargas fiscales se vieron aumentadas para financiar las guerras.

La Liga quedó disuelta antes de que terminara el siglo, cuando las polis, hartas de la injerencia de Atenas, decidieron revelarse. Fue en los años precedentes, en la época de Pericles, cuando se reconstruyó la Acrópolis. Su grandeza representa el denominado Siglo de Oro, pero sus edificios, sus obras públicas, sus edificios religiosos y el arte, no hubieran sido viables de no haber sido por los fondos de Delos. En la cima la Acrópolis, debajo el Ágora. En lo alto el símbolo del imperialismo, la Democracia en un nivel inferior. Lo divino en una cota superior y lo humano, a nivel terrenal.

Mientras seguimos caminando por el Ágora, la voz que me acompaña me explica cómo Sócrates permaneció encarcelado muy cerca de donde nos encontrábamos. Seguramente el filósofo no sería juzgado muy lejos de aquel lugar, pocos años más tarde de la disolución de Delos. Su discípulo, Platón, recoge en la Apología de Sócrates el discurso pronunciado en su propia defensa. En esta versión de la defensa de Sócrates, Platón denuncia en otros cosas, el fracaso de un régimen político. Un sistema capaz de condenar a muerte la persona más sabia y justa conocida hasta la época, es un sistema fallido.

Sistemas que fallan también hoy en día. Desde la Grecia Clásica han cambiado mucho las cosas y, han cambiado bien poco. La Atenas hegemónica de la época de Delos, tiene actualmente la llave para producir una fisura a la alianza europea. Esta vez, desde la periferia. Las alianzas que hoy en día están en juego son distintas, tienen su sede en Bruselas y el poder se ejerce desde Bruselas y Berlín. Sus élites se pasean por sus propias cumbres, aquí y allá, pero si descender nunca al nivel terrenal.

Tomo de la mano a mi compañero, y esta vez soy yo quien le susurra al oído: cuando en los medios se utiliza el término #Grexit para referirse a la salida del euro, ¿no será que sin quererlo, se refieren al éxito de Grecia?

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